El rayo que no cesa es el título de un libro de Miguel Hernández que escribió en 1936 dedicado a su mujer, Josefina pero también a otra mujer a la que amó, Maruja Mallo. Incluye además la famosa Elegía a Ramón Sijé, su amigo y compañero. Todos los poemas (salvo la famosa elegía dedicada a su amigo Ramón Sije, que murió en esa época) son poemas de amor (concretamente, de 14 versos: sonetos).


En este enlace lo puedes leer enterito, descargado en pdf: EL RAYO QUE NO CESA

descarga de la Diputación de Jaén

Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos,
que son dos hormigueros solitarios,
y son mis manos sin las tuyas varios
intratables espinos a manojos..
No me encuentro los labios sin tus rojos,
que me llenan de dulces campanarios,
sin ti mis pensamientos son calvarios
criando nardos y agostando hinojos.
No sé qué es de mi oreja sin tu acento,
ni hacia qué polo yerro sin tu estrella,
y mi voz sin tu trato se afemina.
Los olores persigo de tu viento
y la olvidada imagen de tu huella,
que en ti principia, amor, y en mí termina



Ausencia en todo veo:
tus ojos la reflejan.

Ausencia en todo escucho:
tu voz a tiempo suena.

Ausencia en todo aspiro:
tu aliento huele a hierba.

Ausencia en todo toco:
tu cuerpo se despuebla.

Ausencia en todo pruebo:
tu boca me destierra.

Ausencia en todo siento:
ausencia, ausencia, ausencia.



EL PEZ MÁS VIEJO DEL RIO.



El pez más viejo del río
de tanta sabiduría
como amontonó, vivía
brillantemente sombrío.
Y el agua le sonreía.

Tan sombrío llegó a estar
(nada el agua le divierte)
que después de meditar,
tomó el camino del mar,
es decir, el de la muerte.

Reíste tú junto al río,
niño solar. Y ese día
el pez más viejo del río
se quitó el aire sombrío.
Y el agua te sonreía.




SOBRE EL CUERPO DE LA LUNA:
nadie pone su calor.
Frente a frente sol y luna
entre la luna y sol
que se buscan y no se hallan
tú y yo.
pero se hallarán
nos hallaremos ,amor,
y el mundo será redondo
hacía nuestro corazón.


Las penitas de la muerte
me dan a mí que no a otro,
cuando salgo al campo a verte
con mi negra, negra suerte,
con mi negro, negro potro.
Soledad, qué solo estoy
tan solo y en tu compaña.
ayer, mañana y hoy,
de ti vengo y a tí voy
en una jaca castaña.