Cancionero y Romancero de Ausencias es el título de un libro de Miguel Hernández que escribió en 1941 aunque , en realidad, se trata de poemas varios escritos desde 1938 hasta su muerte, que luego fueron recopilados bajo ese título y publicados después de su muerte, concretamente en Argentina en 1958. Es este libro Miguel escribe llevado por tres cosas: la ausencia de su hijo muerto; la ausencia de los seres queridos (su otro hijo, su mujer, sus amigos...) por la guerra y la ausencia del mundo porque está en la cárcel (su pueblo, sus montañas, su huerta, sus paisajes...).
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LAS NANAS DE LA CEBOLLA.




La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.
En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar
cebolla y hambre.
Una mujer morena
resuelta en lunas
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete niño
que te traigo la luna
cuando es preciso.
Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.
Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.
Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna
defendiendo la risa
pluma por pluma.
Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.
Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.
Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.







El SILBO DEL DALE
Dale al aspa, molino,
hasta nevar el trigo.

Dale a la piedra, agua,
hasta ponerla mansa.

Dale al molino, aire,
hasta lo inacabable.

Dale al aire, cabrero,
hasta que silbe tierno.

Dale al cabrero, monte,
hasta dejarle inmóvil.

Dale al monte, lucero,
hasta que se haga cielo.

Dale, Dios, a mi alma,
hasta perfeccionarla.

Dale que dale, dale,
molino, piedra y aire,

cabrero, monte, astro,
dale que dale largo.

Dale que dale, Dios,
¡ay!
Hasta la perfección



MENOS TU VIENTRE

Menos tu vientre,
todo es confuso.
Menos tu vientre,
todo es futuro
fugaz, pasado
baldío, turbio.
Menos tu vientre,
todo es oculto.
Menos tu vientre,
todo inseguro,
todo postrero,
polvo sin mundo.
Menos tu vientre,
todo es oscuro.
Menos tu vientre
claro y profundo.


CANCIÓN ÚLTIMA


Pintada, no vacía:

pintada está mi casa

del color de las grandes

pasiones y desgracias.



Regresará del llanto

adonde fue llevada

con su desierta mesa,

con su ruinosa cama.



Florecerán los besos

sobre las almohadas.



Y en torno de los cuerpos

elevará la sábana

su intensa enredadera

nocturna, perfumada.



El odio se amortigua

detrás de la ventana.

Será la garra suave.

Dejadme la esperanza.